Santo Domingo.– Hay noches que no se explican, solo se sienten. La que vivió Santo Domingo con Andrés Cepeda fue una de esas.
Sin grandes artificios, sin pantallas gigantes ni efectos especiales, el cantautor colombiano se paró frente a un selecto grupo de seguidores con nada más que un saxofón, un piano y todo lo que carga en el alma. Y resultó ser más que suficiente.
Grupo Medrano y Estrella 90 fueron los responsables de hacer posible el encuentro, reuniendo a un grupo de afortunados ganadores de boletas a través de la programación de la emisora y su página web. Desde el primer momento quedó claro que esa noche no habría distancias.
Pedri Jiménez, ganadora del premio Glamour Music Awards RD como artista pop del año 2025, fue la encargada de abrir la velada. Su interpretación del cover Si tú no estás fue más que una presentación, fue una declaración de intenciones sobre el tipo de noche que se avecinaba.
Entonces llegó Cepeda. Y con él, Yo tengo una enfermedad.
Lo que siguió fue una travesía por el mapa sentimental de un hombre que lleva décadas poniendo en música lo que otros no saben ni cómo decir. Quién va a prohibirme quererte, Besos usados, Desesperado, Enséñame a estar sin ti… cada canción caía sobre el público como si hubiera sido escrita para alguien en esa sala. Porque probablemente lo estaba.
A su lado, el pianista Carlitos Tovar y el saxofonista Sergio Chepes tejieron una atmósfera que hacía sentir el escenario como la sala de una casa ajena que de algún modo se vuelve propia. Sus solos detuvieron el tiempo en más de una ocasión.
Cepeda habló. Mucho. Y bien. Le dijo al público lo que siente por República Dominicana, agradeció sin protocolo y dedicó Tengo ganas a todas las mujeres presentes con la naturalidad de quien sabe exactamente lo que hace.
Luego vino Bogotá, y la noche dio un giro.
Con voz pausada y los ojos húmedos, el artista contó cómo el regreso a su ciudad natal, tras ganar su primer Grammy Latino, le reveló algo que ningún reconocimiento puede compensar: su madre ya no estaba. Habló de ella como solo se habla de las personas que nos forman, con gratitud, con orgullo y con ese tipo de dolor que no desaparece, solo se aprende a cargar. De esa ausencia nació la canción. Y esa noche, frente a ese público, se la cantó a ella.
Hubo también espacio para la celebración. Imagínate con Luis Fonsi y Magia con Sebastián Yatra llegaron como un respiro luminoso en medio de tanta emoción, recordando que Cepeda también sabe hacer de la alegría un arte.
El cierre lo escribió el público. El embrujo sonó porque la sala simplemente no aceptó que no. La pidieron, la exigieron y la cantaron entera. Cepeda los dejó. Porque hay momentos en que el artista más inteligente es el que sabe cuándo ceder el protagonismo.
Y cuando todo parecía dicho, volvieron a pedirle más. Él respondió con Piel canela, una despedida tan dulce que casi dolió.
Se fue prometiendo regresar. Quienes lo vivieron saben que esa noche no necesita segunda parte. Pero igual la esperan.​​​​​​​​​​​​​​​​