La explicación se encuentra en un proceso natural que lleva millones de años y en el que intervienen la lluvia, las rocas, los ríos y los minerales presentes en la Tierra.
SANTO DOMINGO. Una de las principales diferencias entre el agua del mar y la de los ríos es su sabor. Mientras los océanos contienen grandes concentraciones de sales disueltas, la mayoría de los ríos presenta cantidades mucho menores. Aunque parece una característica sencilla, su explicación está relacionada con procesos naturales que ocurren desde hace millones de años.
De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), una parte importante de las sales que se encuentran en los océanos procede de las rocas presentes en la superficie terrestre.
El proceso comienza cuando la lluvia cae sobre montañas, suelos y otras formaciones naturales. El agua interactúa con las rocas y favorece la disolución de algunos de sus minerales.
Posteriormente, esos materiales son transportados por las corrientes de agua hasta llegar a los arroyos, ríos y finalmente al mar.
¿Cómo llega la sal a los océanos?
El agua de lluvia contiene pequeñas cantidades de dióxido de carbono disuelto, lo que contribuye a que sea ligeramente ácida.
Al entrar en contacto con las rocas, puede liberar minerales que posteriormente son arrastrados por las corrientes.
Entre los componentes más abundantes del agua marina se encuentran el sodio y el cloruro, que juntos representan más del 90 % de los iones disueltos en los océanos.
Estos elementos forman parte de la sal común, conocida químicamente como cloruro de sodio.
Sin embargo, el agua del mar contiene muchos otros minerales en cantidades menores.
El USGS explica que la concentración promedio de sales en los océanos es aproximadamente del 3.5 %. Esto significa que un kilogramo de agua marina contiene, en promedio, unos 35 gramos de sales disueltas.
La cantidad puede variar según la región, las lluvias, la evaporación y el aporte de agua de los ríos.
¿Por qué los ríos no tienen el mismo sabor?
Los ríos también contienen minerales disueltos, pero generalmente en concentraciones mucho menores que los océanos.
El agua que circula por ellos se renueva constantemente y transporta sus componentes hacia lagos, mares y otras fuentes.
En los océanos, en cambio, las sales pueden permanecer durante largos períodos.
Además, cuando el agua marina se evapora por efecto del calor solar, las sales disueltas no se evaporan junto con ella.
El vapor asciende hacia la atmósfera y participa en la formación de nubes y lluvias, mientras buena parte de los minerales permanece en el mar.
Este proceso ayuda a comprender por qué el agua oceánica mantiene su salinidad.
¿Todos los mares tienen la misma cantidad de sal?
La concentración de sal no es igual en todas las regiones del planeta.
En lugares donde la evaporación es elevada y las lluvias son escasas, el agua puede presentar una mayor salinidad.
Por el contrario, las zonas que reciben abundantes precipitaciones o grandes cantidades de agua dulce procedente de ríos pueden registrar concentraciones menores.
El mar también recibe minerales mediante procesos geológicos que ocurren en el fondo oceánico, incluidas las fuentes hidrotermales y la actividad volcánica submarina.
Estos fenómenos forman parte del intercambio natural de sustancias entre el agua y las rocas.
Por tanto, la salinidad del mar no se debe a una sola causa. Es el resultado de diversos procesos que transportan, incorporan y retiran minerales del agua.
La próxima vez que una persona visite una playa, el sabor salado del agua será una muestra de la relación que existe entre los océanos, las rocas, los ríos y el ciclo natural del agua.




