Santo Domingo. — En la isla de Okinawa, Japón, existe una formación geológica conocida como la Cueva de Gyokusendo, un sistema de galerías subterráneas de tres millones de años que alberga una característica poco común: estalactitas y estalagmitas que parecen crecer flotando en el aire. Este efecto óptico se debe a la presencia de depósitos de carbonato de calcio extremadamente puros y a una humedad constante del 99 %, lo que genera finísimas capas de agua donde la luz se refracta de manera particular.

El recorrido, que abarca casi un kilómetro abierto al público de un total de cinco, permite observar formaciones rocosas que tardan más de treinta años en crecer un solo milímetro. La precisión con la que el agua gotea en condiciones de oscuridad casi absoluta ha fascinado a geólogos de todo el mundo durante décadas.