Las principales líneas ferroviarias del continente recuperan los trayectos con litera para ofrecer viajes sostenibles que reducen la huella de carbono.

VIENA — Hubo un tiempo en que los trenes nocturnos parecían destinados a la extinción definitiva. La proliferación de las aerolíneas de bajo coste y la expansión de las líneas de alta velocidad llevaron a muchas compañías ferroviarias europeas a cancelar sus icónicas rutas de literas y vagones restaurante. Sin embargo, en un giro sorprendente empujado por la conciencia ambiental, los trenes de noche están viviendo la mayor época de esplendor de las últimas décadas en el Viejo Continente.

El gran impulsor de esta resurrección ha sido la compañía estatal de ferrocarriles de Austria (ÖBB), que decidió comprar el material rodante descartado por otros países y lanzar su red de trenes nocturnos Nightjet. Hoy en día, sus convoyes conectan de forma directa ciudades como Viena, Berlín, París, Roma, Bruselas y Ámsterdam, ofreciendo a los pasajeros la posibilidad de dormirse en el centro de una capital y despertarse en el corazón de otra sin pisar un aeropuerto.

El éxito de esta tendencia responde al creciente movimiento social que rechaza los vuelos de corta distancia por su elevado nivel de emisiones contaminantes. Para miles de viajeros, el tren no es solo un medio de transporte, sino parte integral de la experiencia vacacional: un trayecto donde se recobra el placer de contemplar el paisaje, leer un libro sin prisas y evitar los controles de seguridad agotadores de las terminales aéreas.

"El tren nocturno nos devuelve el valor del tiempo en los viajes. Llegar al centro de la ciudad descansado y habiendo contaminado una fracción de lo que emite un avión es la clave del turismo moderno", explica un portavoz del sector ferroviario.

Las administraciones europeas han comenzado a respaldar firmemente este modelo. Países como Francia han prohibido por ley los vuelos comerciales en rutas nacionales donde exista una alternativa ferroviaria de menos de dos horas y media de duración, mientras que la Unión Europea destina fondos a la modernización de las vías y a la eliminación de las trabas burocráticas entre las fronteras nacionales.

Este renacimiento del viaje sobre raíles demuestra que el futuro del turismo de masas no pasa necesariamente por ir cada vez más rápido, sino por saber viajar de forma más inteligente, cómoda y respetuosa con el medio ambiente.