La mayoría de los husos horarios del mundo se organizan en intervalos de una hora. Algunos países, por razones geográficas o políticas, han adoptado medias horas de diferencia, como India o Irán. Pero hay un lugar en el Pacífico que ha llevado esta singularidad a un extremo que ningún otro territorio comparte: la isla de Chatham, territorio neozelandés, tiene su propio huso horario con una diferencia de doce horas y cuarenta y cinco minutos respecto al tiempo universal coordinado.


La razón es principalmente geográfica: Chatham está situada en una posición que no encaja limpiamente con ninguno de los husos horarios estándar, y en lugar de redondear a la hora más cercana, Nueva Zelanda optó en su momento por respetar la singularidad de la isla con un tiempo propio.

El resultado es que cuando en Londres son las doce del mediodía, en Chatham son las doce y cuarenta y cinco de la madrugada del día siguiente.


Chatham, con menos de setecientos habitantes y una naturaleza extraordinaria, recibe cada año a un pequeño número de visitantes que llegan precisamente por su aislamiento.

La isla conserva una de las poblaciones de aves marinas más diversas del Pacífico sur, tiene playas de arena blanca sin un solo edificio en el horizonte y guarda la memoria de los Moriori, el pueblo indígena que habitó la isla antes de la llegada de los colonos europeos y los maoríes del continente.


Viajar a Chatham requiere vuelos desde Wellington o Christchurch y cierta disposición a desconectar. Pero quienes lo hacen coinciden en que la experiencia de estar en un lugar que literalmente va a su propio ritmo —en todos los sentidos— es difícil de encontrar en otro lugar del mundo.